ficciones

A la vuelta de la esquina hay un hombre que no te olvida (ficción)

El Humo – Diciembre, 2015

Le seguí los pasos hasta la puerta de cristal, la cual abrió para sumergirse en la oscura y fría noche. Se recargó en la pared, sacó una cajetilla de cigarros del bolsillo trasero de su pantalón y tomó uno. Me miró a los ojos tratando de descifrar alguna señal de desaprobación. Sabía que yo no fumaba, pero quizás esperaba que en algún momento tuviéramos eso en común y compartiéramos el mismo vicio.

Comencé a tener mucho frío y él empezó a notarlo, se quitó la sudadera morada y la colocó sobre mí. Ésta tenía un aroma peculiar y agradable, una mezcla entre tabaco, suavizante para ropa y su olor corporal. Quizás lo único bueno que le dejaba el fumar era ese olor. Miró a la nada por un instante, mientras yo veía como salía de entre sus labios el humo que lo envenenaba por dentro. El hombre de las pocas palabras terminó su cigarro y lo aventó al suelo. Cada vez me intrigaba más a qué podía saber su boca.

El Frío – Febrero, 2016

El punto de encuentro fue el lugar en el que nos habíamos conocido algunos meses atrás.  Me senté esperando a que llegara y quince minutos después apareció. Su rostro era diferente en esta ocasión, se veía cansado. Lo abracé durante escasos segundos y toqué su cabeza, la cual estaba rapada porque tenía unas grandes entradas en el pelo. Compramos los boletos para ver una película coreana y esperamos sentados mientras terminaba la otra función.

Recargué mi cabeza en su hombro y lo tomé de la mano, algo andaba mal, su temperatura no era la misma. Durante la película estaba inquieto, comenzaba con mayor malestar. Más tarde, mientras tomábamos un té, me dijo que se sentía enfermo y que al parecer tenía fiebre. Como su molestia era muy grande decidimos irnos y al despedirnos no quiso que lo abrazara para no contagiarme, ni siquiera estrechamos las manos. Me despedí solo con palabras y él hizo lo mismo. Nos fuimos en diferentes direcciones, sin saber que así iba a continuar por el resto de nuestras vidas y que jamás nos volveríamos a ver.

Volteé a verlo con una extraña sensación mientras desaparecía entre la multitud hasta que se perdió por completo.

El Recuerdo – Abril, 2017

Isabel y Gonzalo se mostraban muy eufóricos al ir ganando el juego de cartas contra María y Daniel, mientras me ponía mi chamarra de mezclilla para encontrarme en el bar con Frida y Natalia, mis amigas de la universidad. Me despedí de ellos con la promesa de volver para una partida de UNO y salí a toda prisa para llegar a tiempo. Natalia ya se encontraba en el bar con su novio y Frida ya iba en camino en un Uber. Abrí google maps para que me marcara la ruta a pie y señaló que eran 5 cuadras. En el camino me encontré con varios grupitos de adolescentes borrachos y algunos hipsters en bicicleta.

Aceleré el paso y logré llegar al mismo tiempo que Frida. Entramos juntos y vimos a Natalia, quien se encontraba de visita en la ciudad. Platicamos de nuestras aventuras, de lo que había pasado después de graduarnos, de qué hacíamos de nuestras vidas. Por un instante volteé a mirar el televisor que se encontraba a mi derecha transmitiendo un partido de fútbol y acto seguido miré hacia la calle. Él iba pasando por ahí, con su celular en la mano y sus audífonos puestos. Había ocasiones en que me acordaba de él, por los lugares a los que habíamos ido y los que prometimos visitar algún día.

Si hubiera sido una película romántica, en ese momento me hubiera levantado de la silla y habría salido corriendo a la calle para alcanzarlo y abrazarlo, pero no fue así. Dejé que desapareciera como la última vez y que se llevara el recuerdo que había llegado a mi mente.

El Viento – Marzo, 2018

Tiempo después el hombre que había estado esperando por mucho tiempo regresó con el viento. Aquella noche de febrero se había ido con él, en el abrazo no dado y en el amor no correspondido. Me miró a los ojos, me sonrío y puso su mano sobre mi pecho a la altura del corazón. Sentí el calor que emanaba y mis latidos mucho más fuertes que de costumbre. Tenía algo diferente, le seguían gustando las mismas cosas pero se mostraba más feliz. Me acerqué a su rostro y lo abracé. El hombre que no había olvidado estaba aquí, regresando a vivir dentro de mí y listo para volver a amar.

El humo es pasado. El futuro es viento. Solo vive el Momento.

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