ficciones

EL ASESINO DEL BOSQUE

El día que me encontré con el asesino fue un día particularmente normal, hasta que una serie de eventos desafortunados me llevó a estar cara a cara con la bestia.

Mis compañeros de oficina organizaban la salida semanal a algún bar cercano, un ritual que llevaban a cabo cada semana y era mejor cuando pagaban, como hoy. Este viernes se volvería, como muchos otros, en un pequeño festival lleno de alcohol y amores de una noche. Sabía que muchos de ellos trabajarían al día siguiente, pero preferían aventurarse y llegar con una cruda que duraría hasta pasado el medio día que perder una noche de viernes en su casa.

El primer cambio que noté ese día fue mi inesperada ansiedad por querer participar. Llevaba apenas un mes trabajando para la empresa y hasta ese momento me había mantenido distanciado de mis compañeros, además no había recibido una invitación formal.  Mi inexistente habilidad para socializar me mantenía como espectador, viviendo la vida a través de las vidas de los demás.

Fue Isabel.

Mientras los demás continuaban con su plática ella se acercó a mí. Ella sería la culpable de los hechos siguientes. Mientras bailaba en mi dirección con ese caminar grácil miré sus ojos, sus labios y bajé la mirada a sus senos. Recuperé la cordura cuando estuvo tan cerca que continuar viendo su pecho parecía obvio.

-No aceptaré un no como respuesta- dijo con fuerza hipnótica después de la breve charla que sostuvimos en donde me invitaba a acompañarla al bar.

No tuve opción.

Tan pronto dieron las 3, abandoné el trabajo junto con el resto sin saber que nunca más volvería a ver ese lugar, sin saber que me deparaba un destino fatal.

El bar escogido era pequeño, escandaloso y caluroso.  El mesero que nos atendió parecía que conocía a la perfección al grupo, saludó a cada uno por su nombre y preguntó por el nuevo integrante, yo.

-Lucas, llegó hace un mes a trabajar con nosotros- respondió Samuel, un hombre de 30 años que velaba por los intereses de todos lo integrantes del grupo como un padre que vela por la familia. Ellos eran su familia.

-Bienvenido- respondió el mesero – ¿me permites ver tu identificación?-

Todos rieron, incluso yo.

-No creerás que es menor de edad ¿o sí?-  respondió Mariel, la esposa de Samuel.

-Tengo 24- respondí.

-Esta bien, les creo- dijo el mesero dejando evidente que no nos creía.

Mientras la tarde se convertía en noche podía sentir como la deshidratación se hacía presente en parte por el agobiante calor y por los litros de cerveza que había consumido. La situación comenzó a salirse de control. El alcohol sonrojaba las mejillas y desinhibía a los comensales.  Después de tres horas se inauguró el karaoke y nada lo acompaña mejor que el tequila. Uno tras otro fueron cantando y tomando cada vez más.

Alcohol.

Música.

La falta de melodía de algunos.

Sus labios

sobre los míos su pelo en mi rostro y recuerdo su risa como una melodía mejor que las que obstinadamente repetían pues parece que el repertorio era escaso y no podía ver más lejos que los ojos verdes que tenia frente a mí los ojos de la mujer que me llevó ahí y que me pidió que le quitara la ropa hasta quedar desnuda sobre mi moviendo su cadera sobre la mía en el pequeño cuarto que encontramos vacío en la casa que no nos pertenecía a donde nos había llevado cuando la estancia en el bar se había tornado aburrida porque siempre se aburren de estar ahí pero no de repetir la misma rutina todas las semanas porque creen que así rompen la monotonía de su gris realidad y fue ahí cuando lo vi por primera vez entrando con el cuchillo en alto hundiéndolo en el cuerpo de la mujer rubia cubriendo con su mano sus labios rojos para que no gritara y alertara a los demás y yo sólo corrí como cobarde pues no podía ver como se escapaba la vida de la  mujer que amaba corrí y corrí y salí por la puerta principal y no sé si alguien me vio y que habrían hecho de verme y como es que nadie vio que un asesino había entrado a su casa para tomar la vida de una persona y ahora me perseguía podía sentir como venía por mi cuando salí del lugar salió justo detrás de mi y nadie lo detuvo porque les dio miedo o nadie se imaginó lo que pasaba corrí al bosque cerca del lugar donde Isabel moría me metí hasta que sentí que lo había perdido y caminé mucho tiempo por el lugar hasta que encontré un par de muchachos que fumaban escondidos en un árbol y les pedí que me compartieran y se burlaron de que estaba desnudo pero no me importo porque me sentía a salvo ahí con ellos y comenzaron a besarse y uno me empezó a tocar y me beso y lo besé y lo comencé a tocar porque él quería que lo hiciera y sentí su miembro caliente en mi mano y su mano fría en mi miembro que no dejaba de pensar en Isabel y la sangre que derramo y sus ojos llenos de miedo y su vida alejándose  y sentí el calor del liquido blanco del otro hombre en mi mano y seguía besándome pero yo ya no quería porque sabía que no podía hacer lo que el y el cigarro que el otro fumaba mientras nos veía se había consumido y sacó otro de su bolsa y me dio a fumar porque sabía que lo necesitaba para relajarme y esta vez fue su turno de tocarme y de hacer que lo tocara y estaba  más grande que el anterior y otra vez vino a mi mente los pechos grandes de Isabel que bailaban cuando se movía encima de mi  haciendo ruido que intentaba ser bajo pero que era muy fuerte aunque le pedí que callara no me hizo caso  porque ella siempre hacía lo que quería y el hombre introdujo mi miembro en su boca como lo había hecho Isabel antes pero sus labios no eran suaves como los de ella y ella jugaba porque sabía como hacerlo porque le gustaba hacérselo a los de la oficina ella me dijo y después de jugar con su boca se puso encima de mí y metió mi miembro en ella y comenzó a saltar y quité al hombre porque no me gustaba y me recordaba a ella que había sangrado y no quiso para y seguía hincado enfrente de mi y el otro reía y se paró y me obligaba a que me hincara enfrente de él y yo no quería y él me salvo con una piedra le pegó en la cabeza y el hombre cayo y sangró como Isabel pero no sangro tan hermosamente como ella y el otro hombre corrió y yo corrí porque había visto a la bestia ya dos veces y no quería que le dijera a nadie y me persiguió por el bosque porque quería que yo también sangrara como Isabel y como el hombre y seguí corriendo y la niebla me cubrió y pensé que lo había perdido pero sentía que estaba todavía cerca por eso corrí más y más hasta que no supe donde estaba él y donde estaba yo y el agua apareció bajo mis pies y era fría y me incliné a limpiar mi cara y vi la sangre en mis manos en mi pecho y en mi cara y vi mi reflejo en el agua vi a la bestia al asesino que se llevó a mi amada Isabel y al otro hombre que también me amó por un tiempo me vi a mi mismo convertido en una bestia y lloré.

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