ficciones

Pizza para dos (ficción)

Por @arturtavera

Estaba sentado esperando a que llegaran, tanto la pizza como ella. Nos conocimos una década atrás cuando estudiabamos juntos en la universidad y nos dimos cuenta que nuestros gustos eran similares, aunque en las pizzas no del todo, porque siempre pedíamos mitad y mitad. Cada quien escogía su favorita y era casi como un ritual, inclusive cuando íbamos al cine a ver el estreno del viernes pedíamos las palomitas mitad caramelo y mitad mantequilla. Yo a veces me emocionaba poniéndole salsa a las de mantequilla y terminaba por hacer que el cartón se aguadara. Por cierto, si mi abuelita me viera haciendo eso me daría todo un discurso acerca de la gastritis y de paso mencionaría que le diera una leidita al manual de Carreño.

Habían transcurrido algunos meses desde la última vez que nos vimos en su departamento. En aquella ocasión había pasado la noche con ella, acostados en la cama acompañados de la oscuridad mientras platicabamos del futuro. Ese futuro que a veces era muy incierto y que no estaba del todo escrito. Desde que tengo memoria nos hemos contado tanto las buenas como las malas noticias. Los trabajos, las crisis existenciales, las dudas, los corazones rotos, los consejos, etc. Habíamos platicado prácticamente de todo y nos conocíamos muy bien. Tenía mucha emoción de verla, porque a pesar de que no nos habíamos visto en mucho tiempo, siempre que nos veíamos era como si el tiempo no hubiera pasado.

Repasaba una y otra vez lo que estaba a punto de decirle, no sabía cómo lo iba a tomar y por eso había escogido acompañarlo de pizza. El timbre sonó y me dirigí a la puerta, podía ser cualquiera de las dos. Abrí rápidamente y el olor delató quién había llegado primero. Obviamente iba a llegar primero el de la pizza, sino es gratis. Le pagué, le di su buena propina porque la verdad ganan una miseria y se fue. Puse la caja en la mesa y me senté a esperar, la próxima llegada iba a ser la de ella.

El timbre sonó nuevamente 15 minutos después y abrí la puerta. El tiempo no había pasado y era como si nos hubieramos visto ayer. Ambos sonreímos de oreja a oreja y abrimos los brazos.

FIN

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