ficciones

El Asesinato de Julio Herrera. Capítulo 2

Por @joshtaverita

Capítulo 1

Capítulo 2

“Encontrando un culpable”

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Es todo lo que escribe de ese día, el día en que se le arrebató la vida. Continuaba observando el diario, mientras a lo lejos se escuchaba el llanto incontrolable de la que podría ser su asesina. Había leído unas cuantas páginas previas a la de esta fecha. El registro anterior es de hace dos meses. El 7 de septiembre sale a festejar su aniversario con Val, su novia de 3 años. Después de eso nada. Deja de escribir hasta el día que fue apuñalado. Tal vez tenía miedo de lo que pudiera pasar, tal vez sabía de lo que ella era capaz.

La mujer seguía desbordando sus emociones en el pasillo, la anciana con la que había hablado minutos antes y a la cuál mandé a su casa, regresó para consolar a la que podría llamarse viuda.

-Morales, que empaquen todo lo que sea relevante, que el forense recoja el cuerpo y vámonos- observé como surgió un destello de maldad en los ojos del abotagado hombre, seguramente encontraría alguna joya, reloj u objeto de valor monetario que sería “relevante” para la investigación y lo decomisaría en nombre de la ley. Estaba más preocupado por la investigación que por las fechorías que pudiera cometer el cuerpo policiaco.

Me incliné ante la acongojada mujer -¿cómo te llamas?- pregunté en el tono más compasivo que pude generar.

La mujer entre sollozos contestó. Valeria. Entonces era ella a la que había invitado a cenar, de la que se había estado aprovechando por al menos los últimos dos meses.

La llamada a la policía se efectúa a las 20:14 horas, para ese momento la comida ya estaba preparada, muestra de ello es la persistencia del aroma en la cocina. Él estaba esperando que ella llegara pronto. Ella se presentó a las 23:16, demasiado tarde para acudir a una cena.

Aunque ¿por qué el asesino regresaría a la escena del crimen? Parecería una estrategia tomada de algún programa televisivo para desviar la atención del investigador. Pensando lógicamente, un criminal no regresa al lugar del asesinato por miedo a relacionar el acto con la persona o por si se encuentra algo que pudiera incriminarlo, mucho menos regresa pocas horas después cuando aún la policía está ahí. Pero ella parece lista. Posiblemente crea que esconderse a plena vista disminuirá las posibilidades de ser incriminada.

-¿Por qué estás aquí?- pregunté sin rodeos, sin darle tiempo a crear una historia falsa. Su rostro se tornó defensivo a la agresividad de mi voz.

-Es mi novio- contestó con la voz aun entrecortada por el llanto- íbamos a cenar juntos-

-¿A las 11 de la noche? Al parecer él te esperaba desde antes- ataqué.

-No pude antes-

-¿Por qué?-

-Por…problemas familiares- su voz se tornó serena. Sabía qué estaba tratando de hacer.

-¿Qué clase de problemas?-

-No tengo porque discutirlos con usted- la presa se volvió depredador. Su rostro se tornó inexpresivo y su mirada tímida se convirtió en desafiante, incluso pude ver como sus labios formaban una retorcida sonrisa. Supo cómo evitar mi pregunta.
Sin duda su belleza se equiparaba con su inteligencia. Rápidamente entendió que quería ponerla en una encrucijada para que confesara y no darle tiempo para armar una historia. Vi la imposibilidad de seguirla cuestionando.

-Soy el detective Chávez, estaré al frente de la investigación. Se te citará para declarar pronto- y diciendo esto di media vuelta y me interné en el departamento.
Podría haber algo más que la incriminara, un cabello, saliva, sangre, algo. En ella no vi herida alguna, ningún rasguño o moretón, al menos no en manos, cuello o cara. Los brazos, sin embargo, los traía cubiertos por un saco negro; si ahí había algo no podía verla. Tendría que citarla lo más pronto a declarar para que no se borrara ninguna huella si es que tenía alguna, en un día caluroso de preferencia para evitar que acudiera de manga larga y cuello alto. Debía hallar en ella algún descuido.

El cuerpo ya estaba empaquetado en la acostumbrada bolsa negra y la policía había decomisado los objetos útiles para la investigación. Pude ver en la cara de Morales la malicia satisfactoria que tiene el ladrón al pillar algo y saber que no será atrapado mientras salía de la habitación. Me encargaré de él después.

La tranquilidad fue interrumpida cuando la mujer de ojos esmeralda irrumpió en el departamento. Por unos segundos se quedó paralizada observando la bolsa negra que resguardaba el cuerpo del hombre que amó los últimos tres años. Parecía que las lágrimas volverían a desbordar por su rostro, pero fueron contenidas en el borde del párpado inferior. Ágilmente esquivó a los hombres que trataban de contenerla y llevarla fuera. Corrió a la habitación de Julio, de un empujón logró mover los casi 100 kg de Morales y se internó por medio minuto en el cuarto. Salió con el rostro encendido, coloreado de rojo. Dirigió su mirada hacia mi, sentía como su odio penetraba mi cuerpo, sentía como si quisiera disolverme.

-¿Dónde está el reloj de su padre?- vociferó con todo el odio que pudo proyectar.

-¿Qué reloj?-

-El reloj de oro de su padre. Siempre lo guardaba en el cajón superior del mueble en su cuarto y no está ¿por qué lo han agarrado?-

Observé de reojo a Morales, su respiración se intensificó y su rostro se volvió pálido y sudoroso.

-Le aseguro que no hemos tomado nada que no sea relevante para esta investigación- mentí.

-El reloj lo traía puesto, está en la bolsa junto con el cuerpo- contestó Morales.

-No es cierto- aseguró ella.

¿Cómo sabe? ¿Acaso este pequeño arrebato será mi oportunidad para incriminarla? El hecho que ella sepa que no lo traía implica que lo vio antes. Era mi momento de atacar, de presionarla al límite para que confesara.

-¿Cómo sabes que no lo traía?-

-Él nunca lo usaba-

-Tal vez hoy decidió ponérselo-

-Julio era una persona obsesiva y metódica, no cambiaría su patrón sólo porque sí-

Tenía un análisis de su novio, aunque después de tres años era de esperarse, conocía todos  los detalles de su vida.

-Tal vez quiso darte una sorpresa-

-Tal vez-

Durante toda la conversación no tartamudeo, no dudó, fue firme y serena.

-¿Dudas de tu novio?-

-No tengo porque discutirlo con usted- otra vez la misma respuesta.

Cada vez estaba más convencido de que ella estaba relacionada con el crimen, necesitaba encontrar los motivos y forzar una declaración.

Ante la aparente imposibilidad de lograr que dijera más en esta ocasión y por lo informal de la situación, le supliqué que abandonara el lugar prometiéndole regresar el preciado reloj si era hallado. Es cierto que en la muñeca del hombre no había nada y, por la actitud sospechosa de Morales, estaba seguro que él lo había tomado. Bien. Me podría servir en algún momento, quizá podría sacar ventaja de tener ese objeto en mis manos.

Me acerqué a Morales y en voz baja y lo más cerca que pude estar de él le dije -entrégame el reloj-

De la bolsa del pantalón sacó la joya de oro. Un trabajo exquisito y monetariamente muy valioso, bien podría salir de su venta unos 40 o 50 mil pesos. Era el caso de esta prenda que su valor sentimental era superior al bursátil y eso lo hacía relevante en la investigación. Al observarlo con detenimiento noté una mancha púrpura en la correa, una mancha de sangre fresca. Morales no había mentido, si lo halló en el cuerpo pero lo decomisó para beneficio propio.

-Lo retiraste antes de que llegáramos-asintió con su globosa cabeza sin poder expresarse verbalmente, quizá por la culpa o por el miedo de ser reportado una vez descubierto -esto queda entre nosotros- le aseguré, después de todo regresó la pieza.

Entonces lo traía puesto. Esto me tiraba mi sospecha sobre Valeria. Ella había dicho que no lo llevaba puesto. O tal vez armó todo el teatro para, otra vez, desviar las sospechas de ella. ¿Realmente podía ser tan perversa esa mujer?

Nos retiramos del lugar una vez terminado el proceso de recoger el cuerpo y demás datos de evidencia.

La prensa amarillista ya se hallaba afuera del edificio, no esperaba menos. Al final de cuentas se trataba del asesinato de un joven actor de televisión.

Recientemente había hallado la fama, su rostro se hallaba en toda clase de comerciales y ahora se encontraba cubierto por plástico opaco. Su fama fue efímera como su vida.

Me negué a proporcionar declaración alguna a los medios de comunicación y me dirigí sin tropiezos a mi oficina. Prendí la computadora y entré a internet. En la sección de noticias recientes, un encabezado captó mi atención. “Muere el joven actor Julio Herrera a sus 27 años de edad apuñalado por su novia”. Aquí 10 de sus mejores momentos en televisión. Otro aún más impactante rezaba “Apuñalan al actor Julio Herrera, su novia como principal sospechosa”.

Entonces no era el único que creía que había sido ella, pero ¿quién habrá dado esa información? Tal vez internet y las páginas de espectáculos podrían proporcionarme alguna pista, algún paparazzi que haya captado a Julio discutir con su novia o algún infiltrado chismoso que asegure que tenían problemas o si alguno de los dos tenía conductas violentas.

Nada. Dos docenas de notas describiendo lo perfecta que era la relación de ambos, ella una magnifica abogada y él un promeniente actor, se les captaba constantemente comiendo juntos, besándose sin miedo de la cámara indiscreta, tomados de la mano en la playa o algún parque de la ciudad. Unos cuantos rumoraban la posibilidad de una boda pronto. Una pareja común, un par de enamorados que entregaban su vida el uno al otro y a su trabajo.Ya tendría tiempo de buscar alguna pista que me dijera el motivo de porqué ella lo había asesinado.

Accedí a la sección de clima y vi los pronósticos de los días siguientes. En dos días tendríamos 28° C, una temperatura poco usual en esta época del año. Sería bastante caluroso como para usar manga larga, sería mi oportunidad para citar a Valeria. Tenía que llenar mi informe, crear el expediente, recabar toda la información útil y analizar los hechos. Tenía que estar preparado para obligarla a confesar.

 

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