ficciones

El Asesinato de Julio Herrera. Capítulo 1

Por @joshtaverita

Una gota, otra más, una tras otra manchaban de escarlata el suelo debajo de mí. Mi visión se tornaba borrosa, apenas podía distinguir la silueta sosteniendo en su mano izquierda el cuchillo manchado de mi sangre fresca, emanando un aroma a hierro oxidado combinado con sal. Mi respiración se tornó pesada, inconstante, ruidosa; sentía una inmensa resistencia por parte de mis pulmones para permitir que el aire entrara libremente en ellos, mi corazón retumbaba fuerte, deprisa y agónico.

No podía creer que lo haya hecho. ¿cuál fue el motivo? Eso no lo sabré, moriré con la incertidumbre. Moriré viendo como una mujer tan bella, buena y compasiva, se tornó de pronto en una asesina a sangre fría. Su sonrisa, que alguna vez emanó júbilo, esperanza y cariño, ahora era amarga y lúgubre.

-Tú lo pediste Julio Herrera- dijo con un tono de voz sádico que se me hizo desconocido- Tú me pediste que lo hiciera.-

Es cierto, yo lo pedí.

Exhalé.

Un crimen pasional. Fue lo primero que pensé al ver la escena del crimen. El patrón aleatorio de las más de 20 apuñaladas me daba una pista. Fue alguien conocido, eso es seguro, la puerta no parecía hacer sido perpetrada violentamente, no se apreciaban huellas de lucha. El sujeto de unos veinte y algo de años, se encontraba en una esquina sentado, sin vida, bañado en su sangre y en su fría y rígida mano, el teléfono por el cual había pedido auxilio. Menos de 20 minutos había tardado la policía en rastrear la llamada, informar a la unidad más cercana y acudir al departamento para encontrar el cadáver que ante mi se presenta, en la misma posición, congelado en el tiempo. No alcanzaron a escuchar su último suspiro o a ver a algún sospechoso. Murió sin saber que la ayuda había llegado, tarde, pero ahí estaba.

Cientos de fotos ya habían sido tomadas de cada rincón, mueble y objeto dentro del lugar. No parecía faltar nada, no había desorden que orientara a un intento de robo, al contrario, la casa estaba impecablemente ordenada, algo poco común en los jóvenes que viven solos, ni un libro fuera de lugar en los dos libreros de la pared norte, ni una mota de polvo en el comedor que invadía el centro de la habitación. Cinco fotos se hallaban en la pequeña mesa decorativa de la pared sur, seis personas diferentes figuraban en ellas, abuelos, padres, hermanos tal vez. Destacaba por su marco de plata, una fotografía de un hombre joven, vivo y alegre a lado de una muchacha de cabello oscuro, lacio, de tez blanca y ojos verdes. Ambos vestían de gala y por su forma de abrazarse podría pensarse que era su novia. Bien, una sospechosa.

-Morales- me dirigí al policía alto y gordo que había recibido la notificación de un crimen y que, por la proximidad, fue el primero en acudir – ¿qué fue lo que te informaron exactamente antes de acudir a este lugar?-

-Me hablaron por el radio- tenía una voz muy chillante, como si el sonido tuviera que atravesar una cuerdas vocales rígidas y paralíticas, entre cada palabra debía hacer una pausa breve para meter aire a sus pulmones poco distensibles secundario a la poca movilidad diafragmática consecuencia del prominente abdomen -me dijeron que había un K5 por un Z2-

-Sin claves Morales-

-Perdón jefe- su cara se tornó violeta, combinación de su perpetuo tono azul y el rubor desencadenado por la orden- me dijeron que había una emergencia por un lesionado en esta dirección,  al parecer el sujeto llamó a emergencias y pidió apoyo, argumentando que había sido apuñalado en su domicilio y necesitaba urgentemente ayuda. Se informó de la posible necesidad de una ambulancia, la cual llego minutos después de que nuestra unidad arribara al lugar. Aquí encontramos al hombre ya muerto y el equipo paramédico no pudo ofrecer algún tratamiento-

Con esta información, busqué con la mirada la base del teléfono inalámbrico. Estaba a poco más de cinco metros de distancia del cuerpo, no se veían rastros de sangre en ninguna otra parte del piso más que el lago que se formaba a su alrededor. Evidentemente él no cambio de lugar en ningún momento, no se movió a través del apartamento, no se veían manchas en los muebles de alrededor que sus manos pudieran haber dejado al tomar el teléfono, o algún otro objeto de ese lugar. Tal vez él ya tenía el teléfono en la mano, tal vez estaba a punto de marcar a emergencias cuando el atacante en un acto desesperado, decidió arrebatarle la vida. Sólo tal vez.

-¿Alguien ha hablado con los vecinos? ¿Alguno escuchó algo?- pregunté.

Gutiérrez, el compañero de Morales fue quien contestó -nadie lo ha hecho, hay algunos vecinos esperando afuera-

Como es natural en una escena de crimen, se reúne una multitud de curiosos tratando de saciar su morbo, queriendo ser los que tengan la primicia para tener algún tema de conversación con el marido, la comadre, el compadre o la suegra. Quizá en el fondo, a las personas les gusta ver los homicidios porque les hace sentir felicidad de que esta vez no fueron ellos, les da una falsa ilusión de poseer un cuerpo inmortal al ver uno perecedero.

Salí al pasillo no sin antes echar un nuevo vistazo al marco de la puerta. Sin raspones o rupturas, la puerta de caoba demasiado gruesa para romperla. Definitivamente el atacante entró con autorización.

Una señora de unos 60 años y metro y medio de estatura aguardaba en primera fila el reporte oficial, tenía la mirada llena de curiosidad.

-El muchacho que vivía aquí fue asesinado- dije. Una falsa expresión de sorpresa y tristeza se apoderaron del rostro arrugado de la mujer -Soy el detective Alfredo Alonso y voy a estar investigando el caso ¿alguno de ustedes escuchó algo?-

-Nada- contestó rápidamente la anciana buscando un poco de protagonismo- ni un grito, golpe o sonido extraño-

-Yo sí escuché algo- contradijo un señor igual o incluso mayor que la anciana -yo vivo en el departamento de enfrente, en estas casas tan pequeñas se escucha cada movimiento que haces a través de las paredes. El muchacho llegó poco después de pasado medio día y desde entonces sólo se escuchó música proveniente de su departamento-

-¿Música? ¿se escuchaba como que había más gente con él? ¿hacía mucho ruido?-

-No, para nada. Se escuchaba música tranquila, melodías de piano y violín generalmente. Siempre que traía a su novia las ponía-

-¿Tenía una novia?- recordé a la mujer de la foto.

-Bueno, supongo que era su novia, él no hablaba mucho con nosotros. Una muchacha, muy guapa por cierto, de más o menos la misma edad que él, venía seguido a visitarlo. Nos habremos encontrando y saludado un par de veces en las escaleras-

-¿Cómo es ella?-

-Muy guapa, de cabello largo, lacio y oscuro, con unos impresionantes ojos verdes- definitivamente la mujer de la foto.

-¿Alguien vio si entró con ella hoy?- negaron al unísono. Al menos ahora sé que es posible que ella haya estado con él y que sea la culpable.

Regresé al interior del departamento tras despedir a los vecinos y suplicarles que regresaran a su casa. Justo antes de marcharse la anciana que había estado impacientemente por enterarse de los hechos me ofreció su ayuda si era necesaria, quería saber quién había sido el asesino, igual o más que yo.

Al entrar revisé el estéreo que reposaba sobre uno de los libreros. A un lado hallé la caja vacía de un disco. “Piano comfort” se leía en la portada, una recopilación de melodías interpretadas únicamente en piano de diversos artistas al parecer. Me llamó la atención un cuaderno de pasta azul encima del estéreo. Al tomarlo se abrió instantáneamente en una página separada por una pluma.

En la página lucía la tinta que parecía fresca leyéndose: “ella lo hará, por amor o por celos pero lo hará”.

¿Se referirá a su asesina?

-Señor, hay una mujer preguntando por el joven- interrumpió Morales.

Una mujer.

Me acerqué a la puerta deprisa para abrir y encontrar tras el marco, a una mujer de cabello largo y oscuro, con ojos verdes rodeados de un rojo intenso, del rojo que precede a las lágrimas.

-¿Dónde está Julio?- preguntó entre sollozos.

Era ella. La mujer de la foto.

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