ficciones

Vacante (ficción)

Por @arturtavera

Eran las 8 de la noche y el lugar comenzaba a llenarse, nada mal para ser un miércoles. Nunca había estado ahí, siempre iba al mismo lugar aburrido con música en vivo. Pero esta vez decidí aventurarme y meterme en este bar que veía de lunes a viernes cuando iba de regreso del trabajo a mi departamento. Mi mamá siempre había dicho “renovarse o morir” y la verdad es que soy muy joven y no he vivido lo suficiente, así que prefiero renovarme.
Como me encontraba en mi etapa de renovación, la semana pasada escogí un nuevo corte de cabello, me metí a instagram para encontrar alguna inspiración y ahí estaba ese look atrevido. Juan, el barbero, se sorprendió cuando le comenté que ya no quería el mismo corte que había tenido desde hace tres años. Su cara de angustia era una cara de satisfacción para mi.
La renovación había llegado hasta mi facebook, comencé a borrar a aquellas personas que no conocía y no entendía porqué las tenía. Una de ellas subía fotos de un bebé todo el tiempo, ni la conozco, ni a su bebé, ni a su marido. Borrón, borrón, borrón y cuenta nueva. Bueno, no cuenta nueva pero si una limpieza profunda de mi vida virtual.
– ¿Vas a querer algo más, mi vida? –
¿Mi vida? ¿En qué momento me volví parte fundamental de ella? Apenas llevo 30 minutos aquí y ya soy su vida.
– Sí, por favor – le dije aguantándome la risa. Que bueno que las personas no leen mentes. – Quiero mmmm…una de esas cosas que tienen hierbabuena. –
– ¿Te refieres a un mojito – me preguntó con una sonrisa pícara.
– Sí, ese. Siempre se me olvida el nombre. Lo siento, soy pésimo para las bebidas. Pero si quieres pregúntame las tablas de multiplicar hasta el 20, esas me las sé todas.
– Sería preocupante que no te las supieras. ¿Eres bueno con los números? –
– Sí, me defiendo un poco. De vez en cuando los utilizo.- y le sonreí. Claro que los utilizo, hay dos botellas vacías frente a ella, caben 20 mesas en el bar, en esta barra hay 10 bancos y yo estoy sentado en uno de ellos. – ¿Y tu eres buena? –
– ¿Se vale si sólo mido las cantidades de alcohol que le debo echar a las bebidas? –
– Sí, se vale. Al fin y al cabo son números –
– Entonces sí soy buena. Oye, nunca te había visto por aquí. ¿Es la primera vez que vienes? –
– Sí, había pasado varias veces por aquí cuando salgo del trabajo. Pero como estoy en mi faceta de renovarse o morir, decidí meterme a ver que tal está –
– Es bueno renovarse o morir, yo lo he aplicado antes. Solía ser camarera, pero decidí que ya no más y ahorré para abrir este bar y aquí estoy – dijo sonriendo de oreja a oreja. – ¿Y te gusta el bar? –
– Sí, es muy agradable, no me imaginé que fuera así por dentro.- extendió la mano y me entregó el mojito.
– Aquí tienes, mi vida.-
Ahí vamos otra vez.
– Gracias, se ve muy bueno –
– ¿Y vienes con alguien o esperas a alguien? – dijo con mucha intriga y una cara como la de mi tía la chismosa se dibujó en su rostro.
– No, desafortunadamente vine solo. – le contesté. Era la verdad, iba solo, bueno, acompañado de la soledad. Creo que así se escucha mejor. –
– ¡Que mal! – respondió ante mi confesión. Ella era guapa, quizás no tan guapa pero sí muy atractiva. De esas mujeres que tienen algo que no sabes qué es pero te llama la atención.
– ¿Y tu vienes con alguien? – le pregunté. ¡Que estúpido! ¡Ella está aquí porque es la dueña del bar! Aunque bueno, la pregunta ya está hecha. Mal, mal, muy mal, terrible error.
– No vengo con nadie, pero sí tengo a alguien y está aquí. – y soltó una risita y un guiño. Eso provocó que sintiera algo en el estómago. ¿Nausea por los nervios?
– Que interesante. Y dime, ¿quién es de todos los que están aquí? –
– Trata de adivinarlo. No te diré pistas, pero te daré tres oportunidades para hacerlo.-
– Está bien, veamos. Seguramente es aquél tipo de la esquina que está fumando un cigarro y trae tres botones desabrochados de su camisa.-
– No –
– Puede que sea aquél que está en una mesa con parejas y es el único que está solo. – señalé la mesa junto a la mesa de billar.-
– Tampoco – y soltó una risita.
– Entonces puede que sea ese que te está mirando fijamente a los ojos – le dije en voz baja.
– Sí, es él. – se acercó a mi rostro y junto sus labios con los míos. No podía creer que esto hubiera ido tan rápido.
Aparté mi cara de la suya, un poco sorprendido por lo que acababa de pasar.
– Gracias, amor – le dije mirándola a los ojos y besándola nuevamente. – Creo que ya estoy preparado para la audición, espero quedarme con el papel. Estos ejercicios siempre me ayudan a desestresarme y meterme en el personaje. –
– Me divierte mucho que hagamos esto – y puso su mano detrás de mi cuello.
Volví a besarla y tomé mi portafolio con todo lo que necesitaba para la audición de una comedia romántica que se iba a filmar en nuestra ciudad. Bajé del banco, me di la vuelta y caminé entre las mesas vacías que se encontraban en ese bar que apenas íbamos a abrir. Al llegar a la puerta volví mi mirada hacia ella.
– ¡Muchas gracias, amor! – le grité a los cuatro vientos, esperando a que alguien fuera testigo del amor a esa mujer que estaba conmigo desde hace 15 años.
– ¡Mucha suerte, mi vida! – gritó ella.

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