ficciones

Crónicas de Tinder. Capítulo 8 “Mr. Esquizofrénico”

Por @arturtavera

SELLO

De acuerdo a una encuesta de US News & World Report, Brasil es el mejor país para ligar en una app para citas, seguido por Italia y España. Así que ya lo saben, ahorren y váyanse a alguno de estos países donde posiblemente encuentren a esa media naranja que tanto están buscando.

Un dato curioso de esta semana es que la exitosa app Pokémon Go, ha superado en descargas en Android  a Tinder, y eso que es una app muy reciente. En algunos sitios web mencionan que esta nueva adicción ha contribuido para que los maestros Pokémon tengan citas. #GeekDate

Si te perdiste de los capítulos anteriores de las Crónicas de Tinder, puedes leerlos aquí:

Capítulo 1 “Mr. Fodongo”Capítulo 2 “Mr. Canadiense”Capítulo 3 “Mr. Mazatlán”Capítulo 4 “Mr. Israelí y los otros misters”Capítulo 5 “Mr. Cafeinómano”Capítulo 6 “Mr. Gringou”Capítulo 7 “Mr. Psycho”

Bien, ahora es turno de comenzar con la nueva crónica, acompáñame a conocer esta triste historia.

Capítulo 8 “Mr. Ezquizofrénico”

Nombre: Damián Díaz

Edad: 27 años

Tengo poco tiempo que descargué la aplicación, hace como 3 meses. Casi cuando la había instalado, hice match con un chavo de mi edad llamado René, me gustó lo que decía en su perfil porque era fotógrafo, le gustaba tocar la guitarra y cantar. Estuvimos platicando como por 5 días, eran las preguntas básicas acerca de a qué nos dedicabamos, cuáles eran nuestros pasatiempos, color favorito, lugares favoritos de la CDMX, en fin, cosas por el estilo. Llegó el día en que nos íbamos a conocer y acordamos encontrarnos en la glorieta del ángel de la independencia, porque no hay mejor lugar tan cliché de la Ciudad de México para comenzar una cita.

Cuando estaba cerca del ángel, me llegó un mensaje de René diciéndome que ya había llegado y que me estaba esperando. Chequé la hora y faltaban 5 minutos para que fuera la hora de la cita. Llegué puntual y di una vuelta a la glorieta pero no lo encontré, me mandó otro mensaje para decirme que se había metido a esta parte del ángel que siempre está cerrada y que raras veces la abren para los turistas. Después de 1 minuto salió y lo vi, tenía el cabello muy feo, no era como el de sus fotos, éste se veía maltratado con rayitos güeros (lo cual se me hace muy naquito). Yo me había esmerado en mi vestimenta porque en la primera cita siempre debes dar una buena impresión, pues él no parecía verlo así. Aparte de su cabello zarrapastroso, tenía toda una vestimenta que no sé cómo clasificarla pero sería algo como entre punk y hippie. Se acercó a mí y nos saludamos. Como no sabíamos a donde íbamos a ir, él sugirió una cafetería japonesa cerca de ahí.

Llegamos al dichoso lugar, cada quien compró su bebida y nos sentamos en una mesita en la terraza. Comenzamos a platicar y nos empezamos a caer muy bien. Contamos de nuestros planes a futuro (obvio planes separados), de nuestros trabajos, etc. Después de casi una hora de platicar y ver que había buena química, nos fuimos del lugar y caminamos por Paseo de la Reforma. Mientras íbamos caminando, noté cada vez más sus ojos azules que resaltaban con la contingencia ambiental jajajajajaja. De repente se paró en seco y yo lo volteé a ver. Puso una expresión muy seria y dijo: “Damián”, lo primero que pasó por mi mente fue que me iba a decir que ya se tenía que ir (como para ya terminar la cita), pero no fue así. Se acercó a mí, le salió una risita nerviosa y me preguntó si me podía besar. Estando tan cerca era difícil decirle que no, ¿cómo me iba a resistir con esos ojos azules? Se acercó más y nos besamos.

Seguimos caminando e íbamos platicando de cosas de fotografía, de repente me dijo: “ahora voy a contarte algo más personal”, lo primero que pensé fue que hablaría de sus ex, pero no. René comenzó a contarme que había trabajado en un restaurante de sushi y que sus compañeros le dieron una gelatina que había sobrado de una fiesta de unos clientes, se la comió toda (la gelatina obvio) y resultó que era una gelatina cósmica que tenía una mezcla de varias cosas. Por culpa de este postre comenzó a alucinar y casi lo atropellan ese día, sus compañeros lo encerraron en el cuartito de limpieza porque se había puesto violento y su familia tuvo que ir por él. Después de estar en el hospital y que pasara el efecto de las drogas, le diagnosticaron esquizofrenia. Según él fue por culpa de la gelatina, pero después de investigar con algunas personas supe que no. Esto sólo había hecho que se lo detectaran. René estaba tan grave que lo tuvieron que internar en el Instituto Nacional de Psiquiatría y para que puedas entrar ahí es porque en verdad estás muy mal.

Después de escuchar esto que me estaba diciendo me empezó a dar miedo y en principio pensé en huir, al fin que estabamos en la calle y podía correr y gritar, pero sentí lástima por él y me quedé. A todo esto también añadió que muchas veces veía gente que no existía y que escuchaba voces que le decían que se matara, pero que jamás pensó en hacerlo e inclusive nunca se cortó ni se lastimó. René había estado yendo a AA (Alcohólicos Anónimos) porque había encontrado en ese lugar mucho apoyo, no porque fuera alcohólico sino porque podía contar su problema al ser esquizofrénico, yo no tenía idea de que eso se pudiera hacer en AA.

Seguimos caminando hasta que llegamos a la Alameda Central y nos sentamos en una banca donde había una fuente en el centro. Habían muchas parejitas ahí también en las otras bancas y estaban agarrados de la mano o besándose. René y yo nos volvimos a besar, ¡malditos ojos azules! Seguimos platicando pero ahora de sus exnovios y de las citas en las que le había ido muy mal, yo le conté algunas de las mías. De repente una señora se nos acercó con unos dulces y me preguntó que si me gustaba el huevito kinder, yo ingenuamente le contesté que sí. La señora me dijo que que bueno que me gustara el huevito kinder porque mi novio (refiriéndose a René) tenía dos huevitos que traían una sorpresa adentro jajajajajaa. Ante tal guarrada de la señora, no nos quedó de otra más que reírnos y sólo por eso le compré unos de sus dulces. Antes de irse, la señora le dijo a René que tenía unos ojos muy bonitos ¬¬ ¡Basta de mencionar a los ojos azules!

Nos levantamos de ahí y nos fuimos hacia el zócalo, ya nos empezaba a dar hambre, así que fui a unas pizzas muy buenas y ahí estuvimos charlando. De repente se me olvidaba que estaba con un esquizofrénico y que acababa de besar a un esquizofrénico. Fuimos a una exposición de arte, que no estaba muy buena y comenzaba a acercarse la hora en que cada quien se fuera a su casa. Él vive en el Edo. de México, así que tenía que irse a la central de Buenavista. Lo acompañé hasta la central del tren y antes de despedirnos me invitó a su casa por si algún día quería ir. Lo imaginé con un cuchillo y no dejándome salir de su casa, en un plan muy violento. Nos dimos un beso de despedida y cada quien se marchó.

Seguimos platicando por días y quedamos en volver a vernos, esta vez sería un uno de sus lugares favoritos, el auidorama de Chapultepec. Nos vimos en el metro Insurgentes y caminamos por Reforma hasta Chapultepec. René llevaba su guitarra porque quería cantarme, yo estaba agradecido por el gesto. Casi llegando a Chapultepec me jaló la playera y me quiso besar, yo no tenía ganas de que me besara porque su enfermedad me daba un poco de miedo y no me sentía cómodo. Se dio cuenta que yo no lo quería besar porque al acercarse solamente me reí y cerré la boca, creo que fui muy directo. Me excusé en que tenía la boca súper seca, pero la verdad es que me imaginaba que su boca sabía a todas esas pastillas que tenía que tomarse para no ver gente y escuchar voces que no existían. Justo antes de entrar a Chapultepec me paré en un puesto de revistas y me compré una botella de agua, para que viera que tenía sed por mi boca seca. Al llegar al audiorama había una mesita con muchos libros, porque una de las finalidades es que la gente se siente en las bancas a leer mientras escucha la música de fondo. Yo no sabía cuál escoger y René me recomendó uno llamado Toky Blues. Nos sentamos y lo vi comportarse raro, muy serio. Le pregunté si tenía algo y me contesto muy serio y algo enojado: “No tengo nada, ¿debo de tener algo?”. Esto me sacó de onda y me enojó un poco, no entendí porqué se había puesto así. Estuve fingiendo como por 10 minutos que estaba leyendo, pero la verdad estaba pensando en lo que acababa de pasar. Después estuve otros 15 minutos viendo el cielo y recorriendo con la vista el lugar. Nos levantamos de ahí y nos fuimos.

Llegamos a una banca y se sentó, me dijo que iba a tocar algunas canciones para mí porque ya se tenía que ir. Cantó algunas como “Nunca es Suficiente”, “Inevitable”, una de Madonna y como dos más. Me dijo que pidiera una y pedí “Somewhere Only We Know” de Keane. Mientras lo escuchaba cantar, me di cuenta que cantaba horrible y no tocaba muy bien la guitarra. No es que yo sepa mucho de música pero no estoy tan estúpido como para no darme cuenta cuando una guitarra está desafinada. Me dijo que eso era todo y nos fuimos de Chapultepec. Mientras íbamos caminando nuevamente en Reforma, me dijo que el sábado cumplía años y que si quería podía ir a un restaurante con sus amigos, yo le agradecí y le dije que lo pensaría (obvio no iba a ir). Seguimos caminando pero esta vez habían más silencios que palabras, seguramente él no estaba en silencio y habían algunas voces en su cabeza o no. Cuando llegamos al metrobus de Reforma, corrió hasta llegar mientras yo me esperé en el semáforo que fue eterno. De hecho pensé en huir, aprovechando que él ya estaba del otro extremo y despedirme agitando la mano. No lo hice, crucé y los dos entramos al metrobus. Nos despedimos y cada quien se fue a una dirección diferente. Volteé y vi que se estaba subiendo al metrobus, mientras yo esperaba el mío. Como un minuto después me subí al mío y llevaba como 5 minutos cuando René me mandó un mensaje.

El mensaje decía que esta vez no había sentido la misma química que la primera cita (totalmente de acuerdo) y que no estaba chido. Que si yo quería ahí podían quedar las cosas y ya no seguirle dando vueltas. Yo le dije que también no había sentido nada de química y de hecho no había estado cómodo y que estaba bien que ahí dejaramos las cosas. Le deseé que fuera feliz y que encontrara lo que fuera que estaba buscando, él me deseó lo mismo. En ese instante lo borré de Tinder, bloqueé su número de mi celular y borré cualquier rastro de él. Al final yo sabía que tarde o temprano iba a suceder esto porque no me sentía cómodo por lo de la esquizofrenia, nunca iba a tener seguridad estando con él por todo el rollo de las voces y personas que no existían. En verdad espero que le vaya bien.

 

Las 3 Reglas de Oro de Damián Díaz

1.- Si te dice que es esquizofrénico huye, ni siquiera lo pienses ni le tengas lástima. Que llegue a niveles de estar internado en el Instituto Nacional de Psiquiatría es porque de plano le falta más de una tuerca en la cabeza.

2.- Si en la segunda cita no tienen nada de química, es mejor que corten por lo sano y borra cualquier rastro de la persona en tu celular.

3.- Nunca dejes que los ojos azules te hipnoticen, de ser así comienza a pensar en gatitos atropellados y se te irá la idea de dejarte besar por alguien con esquizofrenia.

Regla extra: No dejes que te lleve a uno de sus lugares favoritos en la segunda cita, eso debe ser hasta la quinta o en las posteriores. Ni tu tampoco lo lleves a tu lugar favorito tan pronto. No es bueno tener malos recuerdos en un lugar favorito.

 

 

 

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