ficciones

La carta que nunca entregué

Por McDarcy

¿Recuerdas cuando el día se alzaba sobre nosotros y escuchabamos esa canción que contaba nuestra historia? ¿Recuerdas el automóvil a toda velocidad recorriendo la ciudad por encima de los demás? Tu suave risa se encajaba en mi pecho y tus ojos esmeralda acariciaban mi rostro. Ese momento en el que me amabas y yo a ti. ¿Recuerdas haberme amado? ¿Inventé los recuerdos donde juntos caminábamos en la pluvial tarde al final del tiempo, en la orilla de la cordura? Eres cada vez más opaco en mi mente.  Mi subconsciente ansia tu presencia. ¿Por qué dejaste morir mis sentimientos? Mi amor era frugal y ahora maniacamente busca llenar la vacuidad sempieterna, pero ¿cómo cubrir con un puño de tierra un agujero que atraviesa la tierra? ¿Acaso pretendo reemplazar tu fría escencia con el calor hipnótico de un cuerpo diferente?
¿Pretendo evaporar mi alma que es solo un reflejo errante de la sombra de tu cuerpo metafísico?
Fuimos más que un melancólico pensamiento, más que un soneto al astro nocturno, fuimos el brillo del amor en bruto.
Y mi viaje acaba donde el camino se divide, no puedo caminar tras de ti por tu sendero, porque es tu vida la que forma el trayecto, sin embargo, yo estare aquí donde me dejaste sentado, estaré deseando que regreses a mi lado, estaré aquí esperando, por si un día das media vuelta y recorres en reversa lo que has caminado.

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