ficciones

Extraños (ficción)

Por McDarcy

¿Es esto todo? ¿Sólo un oscuro túnel y una interminable caída? ¿Es el final o sólo el comienzo de algo más? No veo nada, no escucho nada, estoy solo. Soy sólo yo cayendo sin parar a través de la oscuridad. Me veo inmóvil; flotando. Mi cuerpo está herido pero no siento dolor. Cortadas que me atraviesan y dejan vacío mi pecho. Un rio escarlata corre por mi frente y otro perlado por mi mejilla. Y pronuncio una vez más su nombre que consume mi último aliento de alma y arrasa con lo que queda de mi integridad física. Y veo mi mano disolverse en la oscuridad, poco a poco desaparezco confundiéndome con la negrura de mí alrededor. Me uno a ella. Mi respiración cede y mi inexistente corazón se detiene. La noche me ha consumido.

No me veo más.

Siento una brisa que corre por mi cuerpo, que limpia mi rostro, mis lágrimas y mis pensamientos. Y dejo de caer. Me siento atrapado en una noche sin fin, mis músculos se han rendido y no puedo luchar más. Deja que las fuerzas se escapen de mi cuerpo y me entrego por completo a la nada.

Me vuelvo etéreo.

Soy parte de la inmensidad. Más ligero que el aire. Mi cuerpo se fractura, lo que lo mantenía unido ya no está. Es inútil pelear contra la fuerza que me controla, es inútil tratar de salir de la oscuridad cuando no hay luz. Estoy atrapado en el vacío de mí ser. Siento una gota caer en mi mano.

Me diluyo.

Me disuelvo en el agua que inunda el lugar. Soy partículas que fluyen. Flotan y se hunden pero no se pueden volver a juntar. De vez en cuando unas se encuentran y tratan de construir un cuerpo a base de las sobras que quedan del mío, pero no lo logran, la corriente es más fuerte. No queda la esencia vital para existir, solo queda la materia inservible que me componía. No hay nada que me haga luchar. Un sútil calor acaricia mis restos y los mueve, los inunda de una vieja sensación amiga que tenía olvidada, los recarga de electricidad y los toma entre sus manos.

Soy energía.

Soy luz. Me muevo a través de los muros que me tenían cautivo. Los destruyo. Disuelvo la noche a mí alrededor y brillo con intensidad. Soy policromático. Azul. Morado. Rojo. Naranja. Amarillo. Verde. Soy todo y a la vez soy nada. Soy intangible, inalcanzable y peligroso. Soy más que resplandor, soy vida. Existo más allá de un plano terrenal, sin forma, sin cuerpo. Me concentro. Enfoco mi energía en ser yo otra vez, en juntar mis pedazos y renovarlos en un ser nuevo.

Soy material.

Mis pies vuelven a tocar piso firme. Mi cuerpo vuelve a ser visible, pero no me reconozco, este no era yo. Tanto tiempo sin verme como realmente soy me ha cambiado. Y la luz es más intensa. La oscuridad se volvió habitante común de mis ojos y ahora me ha cegado el destello que me circunda. Y al final sigo solo. Nadie me acompaña, nadie me cuidará a mi regreso, pero veo mi rostro en el reflejo y el hombre al otro lado me dirige una sonrisa que me calma, que me dice que todo estará bien.

Y soy yo.

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