ficciones

Al Mar (ficción)

Por Artur.

Abrí los ojos poco a poco y pude ver que las nubes estaban sobre mí, moviéndose lentamente, formando figuras para que yo pudiera adivinar qué eran. Fui desde lo infantil a lo más bizarro, pensé por un momento en mis resultados si esta hubiera sido una prueba psicológica y me dio un poco de miedo saber cuál sería el resultado, estoy loco. Todas las personas estamos locas, algunas más que otras. Me acordé de Cindy, mi compañera de tercer grado de primaria que todos decíamos que estaba loca, a esa edad uno puede llegar a ser muy cruel. Su problema fue que le había faltado oxígeno al nacer y tenía retraso mental. Muchos niños y niñas se burlaban de Cindy, incluso mi amigo Félix y yo habíamos tratado de acercanos a ella en buen plan, pero cuando voló nuestro balón durante el recreo al patio de los vecinos de la escuela, lo único que provocó fue que no la perdonáramos. A veces me preguntó que fue de ella, qué hizo de su vida, porque era  siete años mayor que nosotros.

Me incorporé y me di cuenta que me encontraba en una playa, no tenía idea de cómo había llegado ahí. Traté de recordar pero no lo lograba. Mis bolsillos estaban vacíos, no tenía ni mi cartera ni mi celular. En ese momento me daba igual, quizás había tomado de más y había caminado toda la noche hasta caer tumbado en ese piso de arena blanca. Mis cosas probablemente estaban enterradas por alguna parte. Teníamos un juego mis primos y yo en el que metíamos algún objeto en una bolsa ziploc y lo enterrabamos, uno de nosotros no participaba en el entierro y tampoco podía ver, y era el encargado de encontrar ese objeto en un límite de tiempo. Recuerdo la angustia que tuvimos una vez que no encontrabamos el objeto, creo que era un reloj y por más que cavabamos no aparecía. Después de mucho tiempo encontramos el dichoso reloj.

Llamó mi atención que no hubiera nadie más en la playa, ni siquiera una gaviota o alguna otra ave volando por ese cielo tan azul. Caminé hacia el agua y comencé a sentir esa sensación que me había gustado desde pequeño cuando íbamos al mar. Esa sensación de que la arena está viva y comienza a moverse debajo de tus pies. Mi mamá me había dicho de pequeño que habían unos microorganismos que vivían en ella y que por eso se movía. Hasta la fecha sigo sin saber si eso era cierto o lo estaba inventado. Fui adentrándome cada vez más en el agua hasta que me llegó a las rodillas y el frío se propagó por todo mi cuerpo. Me sumergí por algunos segundos para que el frío terminara de propagarse.

Al salir del agua comencé a escuchar algunos susurros que provenían a mis espaldas. Me giré lentamente y vi a cientos de personas que miraban hacia mi. ¿Cómo habían aparecido tan rápido? ¡Unicamente habían pasado algunos segundos! Vi algunos perros que danzaban de un lado a otro, jugando a corretearse entre ellos. Algunas de las personas se me hacían familiares, sabía que las había visto antes pero no recordaba dónde. Me acerqué poco a poco hacia la orilla tratando de obtener alguna respuesta sobre el lugar en el que me encontraba. Sacudí mi cabello para que el agua no me escurriera por los ojos, levanté la mirada y la vi. Comenzó a acercarse lentamente, sonriendo como de costumbre. Los ojos seguían brillando como la última vez que los había visto, ese día que le hice una promesa. Extendí mi brazo para lograr acariciarle el rostro y al tocarlo supe en donde me encontraba.

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