ficciones

El Café de las 5 (ficción)

Por @joshtaverita

El café en la esquina de Madero fue el punto de reunión. Llegué 15 minutos antes de lo acordado a mi encuentro con ella. Mientras esperaba su llegada pedí mi habitual café americano. Era un lugar íntimo, a propósito escogido para nuestra reunión, apenas tres mesas de madera y metal con un par de sillas cada una amueblaban el lugar, un librero con la obra de reconocidos autores mexicanos tapizaba la pared este, del lado opuesto y al frente, grandes ventanales separaban la calle del interior. Escogí la mesa pegada al muro de cristal, podía perderme en el cielo azul por horas. Era un día especialmente despejado y soleado, la luz de las 5 de la tarde  entraba como hilos por la ventana. Un hombre de unos veinte y tantos era el único otro cliente, sostenía un libro prestado del estante, tomaba en pequeños sorbos su café y de vez en vez le daba una fumada a su cigarro, vestía una chamarra café de piel, camisa blanca, pantalones de mezclilla, botas y un sombrero de pajilla. Alzó su mirada en mi dirección y, haciendo un gesto entre sonrisa y gruñido, dejó su puesto para ocupar la silla vacía en frente de mi.
Puso el libro sobre la mesa, Anton  Chejov alcancé a leer. No dijo ni una palabra, no emitió una presentación, sólo se quedó observándome fijamente a los ojos, dibujando una sonrisa torcida en su rostro. Intenté romper el silencio y hacer introducción adecuada, pero apenas había movido mis labios un centímetro cuando alzo su mano extendida pidiendo que parara. Su poder autoritario e hipnótico suprimió mi deseo. Torné mi atención a él, su aspecto, se veía joven y ágil, parecía que pasaba horas ejercitándose a diario, sus ojos eran de un profundo café, su cabello castaño se escapaba en rizos por las orillas de su sombrero y su labio inferior estaba atrapado entre sus dientes. Buscaba intensamente mi mirada, que yo trataba de evitar. Cedí, súbitamente nuestros ojos se encontraron y se mantuvieron fijo por lo que pareció horas. Un momento después tomó el último sorbo de su café, regresó el libro a su lugar y salió del lugar. Lo vi mientras caminaba calle abajo a paso ligero. Salí tras de él, lo alcance apenas a un cuarto de calle tratando de llamar su atención sin éxito hasta que logré rebasarlo y ponerme frente a frente.
-¿qué ha sido eso?- pregunte enfadado y francamente confundido -¿cómo puedes manipular con una mirada y después marcharte sin decir una palabra?- la agitación me dejó sin aliento.
Sereno y con una sonrisa que dejaba relucir las dos hileras de sus dientes contestó:
Querido amigo te equivocas si piensas que no hemos dicho nada, hemos dicho todo, conozco tus más privados secretos y tus más profundos miedos, tus ambiciones y tus esfuerzos, tus dichas y tus desgracias, sé todo de tu vida y tu de la mía, pues hemos compartido un momento íntimo en silencio, vimos más allá de nuestro ser físico, toqué tu alma y tu la mía, vivimos una relación de años en segundos y ahora es momento de que yo parta, de que no mires atrás, por que estábamos destinados a compartir un momento y luego desparecer uno de la vida del otro.
Y sin más se marcho.

 

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