Ficciones

Crónicas de Tinder. Capítulo 1 “Mr. Fodongo”

Por Artur.

Introducción

Febrero es el mes del amor y la amistad, pero seamos honestos, celebramos más el amor que la amistad el día 14 (sino pregúntenle a las parejitas que seguramente ya tienen reservación para cenar en algún restaurante). Gracias a la tecnología existe una app muy famosa llamada Tinder, en la cual se puede conocer (dependiendo de lo que estés buscando) a esa media naranja o a ese/esa one night stand. A partir de hoy subiré cada lunes de este mes una crónica de Tinder, las cuales están basadas en las anécdotas que me contaron 5 personas de diferentes edades que han utilizado la app y que buscaban el amor verdadero. A algunas de esas personas les fue muy bien y a otras no tanto. Espero que disfruten mucho estas crónicas y crean en el amor, no como mi amigo Jonathan que siempre me repite que el amor es un producto de la publicidad y mercadotecnia. Por cierto, los nombres de las personas involucradas fueron cambiados, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia o significa que eres tú quien sale en la historia. Al final de cada crónica hay 3 reglas de oro en Tinder que me compartieron mis conocidos. ¡En sus marcas, listos, match!

Si quiere saber más sobre la app Tinder, da clic aquí

CAPÍTULO 1. “MR. FODONGO”

Nombre: Violeta Carrasco

Edad: 29 años

Un día mi mejor amiga me dijo que abriera Tinder y yo le contesté que no tenía tiempo de andar haciendo esas tonterías. Total, un día lo hice y empecé a ver que había todo tipo de chavitos. Tu pones el rango de edades y la distancia, entonces pues a mi me aparecían en mi entorno que es la Colonia del Valle y la Narvarte, ya por muy lejos el centro. Comencé a platicar con varios con los que había hecho match y uno de ellos que estaba guapetón y se llamaba Pedro me empezó a platicar que tenía una perrita llamada Matilda (como la de la película de la niña que mueve cosas) y le ponía moñotes. Todo estaba muy padre hasta que me pidió que si le podía mandar fotos donde saliera más encueradita, fue ahí donde decidí alejarme de él porque eso ya no me latió.

Después comencé a platicar con uno llamado Hansel, que me empezó a llamar la atención, me hacía reír y eso a mi es algo que me agrada de los hombres. Un día me pidió mi teléfono para mejor platicar por whatsapp y se lo di, entonces todos los días platicabamos por whatsapp y a veces nos hablabamos por teléfono para saber cómo estabamos o cómo nos había ido en el día. También nos mandabamos fotos, pero había algo que no me latía de sus fotos, pensaba que algo raro tenía y no me latía al 100%. La cosa es que después de un mes me dijo que deseaba que nos conocieramos en persona y yo pensé que ya era tiempo y se me hizo fácil y le dije “bueno, vamos a vernos”.

Nos citamos para vernos un día festivo que yo no trabajé y la verdad me sentía como escuincla de secundaria como de “¡ay tengo una cita, que emoción!, entonces medio me arreglé (¡aja!) y nos quedamos de ver cerquitita de mi casa. Yo no quise que pasara por mi porque me daba miedo que supiera donde vivía. Así que lo cité a una cuadra de mi casa sobre Cuauhtémoc, entonces yo iba toda nerviosa, temblando, las manos sudándome, yo como una vil escuincla de secundaria.

Entonces veo varios carros estacionados afuera del metro Eugenia, pero yo no sabía que carro tenía porque no se me había ocurrido preguntarle. De repente me echa las luces un carro y yo de ¡oh my god!, porque el niño traía un Mini Cooper rojo, todo nice, el mejor, bueno, no sé de carros pero supongo que era el mejor. Entonces pensé “un Mini Cooper, vamos por buen camino” (obviamente yo nada interesada jajajaja) y entonces me subo y nos saludamos. Me dijo que me veía muy guapa y que estaba mucho mejor en persona y le agradecí, pero en ese momento pensé “algo raro tiene este” (o sea medio fodongón). Iba con una playera playera gris asquerosa, fodonga, deslavada, pero traía figuritas y yo no lograba identificarlas.

Decidimos ir a Plaza Universidad y cuando nos bajamos del carro se da cuenta que se le había olvidado su sudadera, entonces la saca y voy viendo la sudadera más vieja, aguada, torcida, descolorida, ugh ¡horrible! Y yo así de ¡noooooooooooo! Y en ese momento por fin me doy cuenta que su playera tenía un estampado de una banda de rock metal horrible y todo su look era fodongo, llevaba unos pantalones de mezclilla aguados y unos tenis ¡ugh! Y en ese momento pensé “¿qué hago aquí?”. La verdad el chavo estaba un poco chonchito, o sea no me fijo en eso, pero él que estaba vistiendo de esa manera, hacía que se viera más gordo fodongo.

Entonces nos metimos a la plaza e íbamos subiendo las escaleras y hubo un momento en el que me quiso agarrar la mano y yo de “¡nooooooo por favor, ¿qué le pasa a este?!”. Claro que yo iba volteando para todos lados porque me daba una pena que me viera algún conocido con él. Total que fuimos a comer algo a la zona de fast food y me seguía haciendo reír, pero ya no era la misma chispa porque ya no me gustaba fisicamente y yo me sentía muy mal porque pensaba “que mal porque es un chavo muy educado, de familia, trabajador, independiente, pero su físico no me gusta”.

Decidimos entrar al cine a ver La Cumbre Escarlata y él se compró una palomitas grandes. Ya en la película yo veía como se las estaba comiendo y era de esas personas que llenan el puño y se lo tragan todo como si no hubiera un mañana, mal plan. Yo ya me quería ir a mi casa y decirle “ya no quiero salir más contigo”. Cuando nos despedimos me preguntó que cuándo nos íbamos a volver a ver para salir y yo por dentro de que “nunca”, pero le contesté que mejor nos escribíamos. Intentó besarme, pero yo me alejé, por supuesto. Me fui muy triste a mi casa y me di cuenta que no soy una mujer interesada porque él es el administrador del negocio familiar y le va bien, pero no porque le va bien significa que debe haber algo y aparte no me gustó fisicamente.

Luego se dio un cambio laboral para mi y me tuve que mudar a Cuernavaca. Me preguntó que a dónde me había ido, pero no le dije la verdad y le inventé que me había ido a un estado muy lejos porque era capaz de visitarme en Cuernavaca al estar tan cerca del D.F. Ya estando en la nueva ciudad me seguía escribiendo y yo le decía que estaba muy ocupada o en la loquera, la verdad me salía por la tangente hasta que me dejó de escribir. Me sentí muy mal por no haberle dicho la verdad, pero creo que fue una buena experiencia.

Después seguí buscando niños en Tinder, pero la verdad es que creo que no es mi red social favorita. No ando buscando ese tipo de hombres porque hay de todo. Hay desde los chavitos súper nerds que te platican de sus experimentos o que ellos son los más inteligentes del mundo. Otros que nada más buscan sexo, otros que nada más quieren una noche de copas. Entonces la verdad decidí cerrar Tinder el primero de enero del 2016 a las 12:15 de la madrugada y pues ya, me quedo con esa experiencia. Para mi en lo particular, fue una buena experiencia porque igual conoces chavitos, te atacas de la risa, pero bueno, ya no abriré más Tinder. Ya me da mucha flojera andar viendo de que si, no, si, no.

Las 3 reglas de oro en Tinder de Violeta Carrasco

1.- No creas que vas a encontrar al amor de tu vida en Tinder.

2.- Tienes que ser muy abierto/a en el sentido de las propuestas.

3.- Sé tu mismo/a. No tienes que tratar de ser alguien que no eres para impresionar a la otra persona. Los chavos con los que platiqué me contaron que varias de las chavas con las que habían salido les mentían.

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