Ficciones

Agua helada para un corazón cálido (ficción)

Por Artur.

Metí ambas manos en la cubeta, sumergiendo la franela roja que se iba destiñendo en un agua cada vez más turbia. Podía sentir el frío que se propagaba por mi cuerpo, aquel frío que había experimentado algunos años atrás. Exprimí la franela y comencé a limpiar el parabrisas del taxi que muy amablemente me había prestado Óscar, el esposo de mi amiga Gisela. No es fácil encontrar trabajo cuando tienes casi medio siglo de vida en una sociedad que va avanzando a pasos agigantados.
El taxi ya estaba limpiecito, eran casi las 10 de la noche y tenía que regresarlo con su respectivo dueño. Encendí el coche, acomodé el espejo retrovisor y comencé a manejar por la avenida principal. Durante el trayecto iba recordando aquél día en que pase por ahí, feliz de haberme casado con la persona que me había elegido y que yo había elegido. Tenía la ilusión de formar una familia, pero a veces esas ilusiones son pasajeras como los usuarios que se suben a este taxi. Teníamos casi 20 años de casados cuando descubrí que Juan me estaba engañando con otra mujer y que había vendido el taxi para poder irse de la casa con ella. Después de dejar mi corazón destrozado y con miedo a enamorarse nuevamente, decidí que necesitaba compañía para esta soledad, así que adopté dos gatos que son como mis hijos y a los que me gusta ver cuando regreso a casa. Con la necesidad de salir adelante por mi cuenta, decidí buscar trabajo. Pero nadie quería contratarme por mi edad, así que utilice mi habilidad para manejar y me volví taxista. No es fácil trabajar entre tantos hombres, hay veces que me dicen que me vaya a cuidar niños o que me dedique al hogar. En primera, no tengo hijos y en segundo, estoy sola. Es muy satisfactorio escuchar a algunos pasajeros decirme que les da gusto ver a una mujer manejando un taxi porque a veces los hombres son muy avorazados cuando manejan y siempre nos echan la culpa de sus accidentes. He llegado a casa de Óscar, no se que hubiera hecho sin la ayuda de él y mi amiga Gisela.

Basado en una plática que tuve con una mujer taxista en la ciudad de Querétaro en noviembre del 2015.

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